
EL MANTRA DE LA COMPASIÓN

OM MANI PADME HUM
Cuán dulcemente misterioso es el sonido trascendental de Avalokiteshvara
. Es el sonido primordial del universo. [...] Es el murmullo apagado de la marea que se
retira. Su sonido misterioso trae liberación y paz a todos los seres
conscientes que en su dolor piden ayuda, y les da una estabilidad serena a todos
los que buscan la paz ilimitada del
Nirvana.
Surangama Sutra.
El Mantra
de la Compasión, OM MANI PADME HUM, los tibetanos lo pronuncian "Om Mani Peme
Hung". Encarna la compasión y
la bendición de todos los budas y bodhisatvas, e
invoca en especial la bendición de Avalokiteshvara,
El Buda de la Compasión. Avalokiteshvara es una
manifestación del Buda en la Sambhogakaya, y su mantra se considera la esencia de la compasión de
Buda hacia todos los seres. Así como Padmasambhava es
el maestro más importante para el pueblo tibetano, Avalokiteshvara
es el buda más importante, y la deidad kármica del Tíbet. Según un dicho muy conocido, el Buda de la Compasión
llegó a grabarse tanto en la conciencia tibetana que cualquier chiquillo que
supiera pronunciar la palabra "madre" también sabía recitar el mantra OM MANI PADME HUM.
Se cuenta que, hace innumerables eras, mil prícipes hicieron el voto de convertirse en budas. Uno de
ellos decidió llegar a ser el Buda que conocemos con el nombre de Gautama Siddharta; Avalokiteshvara, empero, hizo el voto de no alcanzar la
Iluminación hasta que todos los otros mil prícipes se
hubieran convertido en budas. Además, en su infinita compasión,
hizo también el voto de liberar a todos los seres conscientes de los sufrimientos
de los distintos reinos del samsara, y formuló la
siguiente plegaria ante los budas de las diez direcciones: "Que pueda
ayudar a todos los seres, y si alguna vez me canso de esta gran obra, que mi
cuerpo se destruya en mil pedazos". En primer lugar, se dice, descendió a
los reinos infernales, y luego fué ascendiendo
gradualmente, pasando por el mundo de los espíritus hambrientos, y así
sucesivamente hasta llegar al reino de los dioses. Una vez allí, volvió la
vista hacia abajo y consternado descubrió que, aunque había salvado a
innumerables seres del infierno, seguían cayendo otros seres en número
igualmente incalculable. Esto lo sumió en el más profundo pesar, y por un
instante casi perdió la fe en el noble voto que había hecho, de manera que su
cuerpo estalló en mil pedazos. En su desesperación, Avalokiteshvara
pidió ayuda a todos lo budas, que acudieron a socorrerle desde todas las
direcciones del universo, en forma de una suave ventisca de copos de nieve,
según dice un texto. Con su gran poder, los budas volvieron a reunir los pedazso, y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas y mil brazos, y un ojo en
la palma de cada mano, como símbolo de esa unión de sabiduría y
medios útiles que es la marca de la auténtica compasión.
Bajo esta forma, era aún más resplandeciente que antes y dotado de un mayor
poder para ayudar a todos los seres, y su compasión se
volvió aún más intensa mientras repetía una y otra vez este voto ante todos los
budas: "Que no alcance el estado final de buda hasta que todos los seres
conscientes alcancen la Iluminación".
Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos del samsara
le cayeron dos lágrimas de los ojos, lágrimas que, por la bendición de los
budas, se convirtieron en las dos Taras. Una es Tara en su forma verde, que es
la fuerza activa de la compasión, y la otra es Tara en su forma blanca, que es el
aspecto maternal de la compasión. El nombre Tara significa "la que libera"; la
que nos transporta a la otra orilla del océano del samsara.
Está escrito en los sutras del Mahayana
que Avalokiteshvara dio su mantra
al propio Buda, y Buda a su vez le concedió la tarea noble y especial de ayudar
a todos los seres del universo a alcanzar la budeidad.
En aquel momento, todos los dioses hicieron caer una lluvia de flores sobre
ellos, la tierra tembló y el aire resonó con el sonido OM MANI PADME HUM HRIH.
Dice un poema:
Avalokiteshvara es como la luna
cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del samsara;
bajo sus rayos, el loto de la compasión de floración
nocturna
abre por completo sus pétalos.
Las enseñanzas explican que cada una de las seis sílabas que componen el mantra, OM MA NI PAD MÉ HUM, tiene una virtud específica y
poderosa para provocar la transformación en distintos aspectos de
nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente las seis ponzoñosas
emociones negativas, que son manifestación de la ignorancia y que nos hacen
obrar de un modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así el samsara y los sufrimientos que en él experimentamos. Por
mediación del mantra, el orgullo, los celos, el
deseo, la ignorancia, la codicia y la ira se transforman en su verdadera
naturaleza, las sabidurías de las seis famílias de
budas que se manifiestan en la mente iluminada.
Así pues, cuando recitamos OM MANI PADME HUM, se purifican las seis emociones
negativas que son la causa de los seis reinos del samsara.
Es así como la recitación de las seis sílabas evita el renacimiento en los seis
reinos, y disipa además el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al
mismo tiempo, recitar OM MANI PADME HUM purifica por completo los agregados del
yo, los skandas, y perfecciona las seis clases de
acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las paramitas de la generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia,
el entusiasmo, la concentración y la sabiduría. Se dice también que OM MANI
PADME HUM confiere una poderosa protección contra toda clase de influencias
negativas y contra varias formas distintas de enfermedad.
A menudo se añade al mantra la sílaba HRIH, la
"sílaba semila" de Avalokiteshvara,
de modo que se convierte en OM MANI PADME HUM HRIH. HRIH, la esencia de la compasión de
todos los Budas, es el catalizador que activa la compasión de
los Budas para transformar nuestras emociones negativas en su naturaleza
de sabiduría.
Kalu Rimpoché escribe: La
sílaba OM es la esencia de la forma iluminada; MANI PADME, las cuatro sílabas
centrales, representan el habla de la Iluminación, y la última sílaba, HUM,
representa la mente de la Iluminación. El cuerpo, el habla y la mente de todos
los budas y bodhisatvas son inherentes al sonido de
este mantra, que purifica los oscurecimientos de
cuerpo, habla y mente, y lleva a todos los seres al estado de realización.
Sumado a nuestra propia fe y a nuestros esfuerzos de meditación y recitación,
surge y se desarrolla el poder transformador del mantra.